Primero, confirmá qué tenés

Una lista de compras sirve poco si parte de existencias desactualizadas. Antes de armar un pedido, revisá los productos que más se mueven y los que suelen generar diferencias. Podés organizar controles por grupos y registrar cuándo se revisó cada uno.

Prestá atención a las unidades. Comprar por caja y vender por unidad requiere un criterio consistente. También conviene separar mercadería disponible, productos reservados y unidades que ya no se pueden vender.

Mirá el ritmo de salida

Dos productos con la misma cantidad disponible pueden necesitar decisiones distintas. Uno puede venderse todos los días y otro sólo durante el fin de semana. Compará períodos parecidos y anotá situaciones especiales, como una promoción o un pedido grande.

No tomes un día excepcional como referencia permanente. Mirá varias jornadas y preguntate si la demanda se mantiene. Esa revisión ayuda a distinguir un faltante próximo de una compra que puede esperar.

Revisá lo que ya pediste

Tené presente cuánto suele tardar cada proveedor y qué compras siguen pendientes de recepción. Si otra persona ya pidió el mismo producto, sumarlo de nuevo puede duplicar la compra.

Cuando llegue la mercadería, compará lo recibido con lo solicitado. Registrá las diferencias en ese momento para que el stock y el próximo pedido no arrastren un error anterior.

Una rutina de reposición

Elegí un momento de revisión y un responsable. Después de cada reposición, revisá qué faltó y qué quedó de más para mejorar el siguiente pedido.

  • Confirmar existencias y unidades de medida.
  • Revisar ventas de períodos comparables.
  • Consultar pedidos pendientes antes de comprar.
  • Considerar plazos de entrega y espacio disponible.
  • Controlar cantidades al recibir la mercadería.